Una ausencia que no debe volverse costumbre

Por Jissel Peñaló

La desaparición de la niña Brianna Genao deja un vacío que va más allá de un nombre o una noticia. Es la ausencia de una persona, de una vida con sueños, de una familia que espera respuestas y de una sociedad que no puede acostumbrarse al silencio.

Cuando alguien desaparece, el tiempo no alivia, el tiempo pesa. Cada día sin información es una carga emocional que crece, una herida abierta que no cierra. El silencio, más que calmar, inquieta; y la incertidumbre se convierte en una forma de dolor compartido.

No se trata de versiones ni de conjeturas. Se trata de humanidad. De recordar que detrás de cada caso hay rostros, afectos y esperanzas que merecen respeto y atención. Olvidar es fácil; sostener la memoria es un acto de responsabilidad colectiva.

Como sociedad, estamos llamados a no normalizar la desaparición, a no permitir que la indiferencia gane terreno ni que el paso de los días apague la empatía. Recordar a Brianna es también recordar que cada vida importa, incluso cuando no hay respuestas inmediatas.

Que su nombre no sea solo un eco pasajero. Que su ausencia nos invite a reflexionar, a cuidar más, a exigir más conciencia, y a no mirar hacia otro lado cuando el silencio intenta imponerse.

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